miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Me vais a extrañar? ¡Veo que asentís pero yo sé que no!



 Se va el pintor allende los mares y se despide a lo grande, con exposición en Oporto, pero hoy no escribo yo, os dejo con la crónica del evento...

No den la espalda al pintor

Paradismo e a cidade



El pintor, amante de la creación pero también un alma destructiva, aficionado al borrón y cuadro nuevo, viajó con sus pinturas rescatadas del fondo del Tormes, río abajo hasta la desembocadura del Duero, quemó las naves y se marchó de la ciudad al día siguiente. Pero nos dejó bajo la lluvia de Oporto, expuestos a la intemperie y a las miradas de desconocidos, sus fantasmas, sus héroes y sus paisajes.



Dicen que si uno se acerca lo suficiente a los cuadros se puede escuchar a Calamaro. Se puede catar un vino de Toro, leer a Carmen Martín Gaite, a Cervantes. Se puede, incluso, pasear por las calles de una Salamanca apocalíptica, como una araña oxidada bajo la lluvia. Dicen que si uno se acerca lo suficiente y consigue ver bajo las Cúpulas una puerta enorme con rendijas, la ciudad (no el cielo) empieza a llover. Dicen que en el cuadro de Dolor, se pueden ver unas grietas ('y la grietas sangran', dice). Pero hay que acercarse. Así que acérquense a la jaula del pintor, a sus obras, pero al alejarse, no le den la espalda, porque pintará sus nucas en tonos azules.



El pintor se crece. Y nos cuenta historias. De cómo de un brochazo a destiempo creció primero un árbol, dos árboles, un bosque morado. Nos habla de cómo apareció un caballo, un San Jorge y un dragón haciendo garabatos con un boli ('un boli normal, un boli bic negro', especifica).



El pintor escucha. Parece incluso que disfruta al oír 'paradismo' con acento portugués. Alguien comenta que aquel cuadro parece una escultura griega. El pintor mira de reojo. ¡Huyan!

El pintor no lo sabe. Pero una chica se asoma a un cuadro, encuentra a una figura paradista y sonríe. La chica no lo sabe, pero mientras ella se aleja el paradista se asoma del cuadro, encuentra a la chica y también sonríe.



Nosotros no lo veremos, pero el pintor se levantará a la mañana siguiente y, quizá con las manos en los bolsillos, paseará por el hotel y pensará: 'los cuadros lucen bien'.



El pintor se marcha. Pero un día brindaremos con un vino (¿de Toro, de Chile, de Oporto?) y el pintor nos contará, por fin, el cuento de la avispa, la historia del pez angustia y gritaremos '¡Paradismo!'. Hasta entonces nos quedamos, parafraseando a Nacho Vegas, pensando que 'lo he pasado (muy) bien y casi conocí en una ocasión a J. Parada.'



Álvaro Martín
Porto das Artes Magazine (Febrero 2014, n. 24)


 Para acompañar la Imáfora, El hombre que casi conoció a Michi Panero

2 comentarios:

churra dijo...

jorge y alvaro
gracias por acompañar a jorge en la exposicion y en su despedida
un abrazo

Anónimo dijo...

:)