miércoles, 7 de agosto de 2013

Eclipse de mar


Creo, aunque esté mal que yo lo diga, que esta imáfora tiene mucha fuerza, mucha historia para la imaginación del que la mira, evocadora... Por eso la dejo sola en medio de las entregas sobre Lisboa y os propongo que si os apetece, escribáis un microrelato en los comentarios sobre lo que os dice la Imáfora.
Os dejo el primero de ellos, de un íntimo amigo de Oporto, espero que no sea el último...


"Tras una noche de jarana, quise jugar a ser el Creador y puse el cielo en blanco y negro y el mar de cemento. Malditos surfistas, el paraíso será ahora para los skaters."
Miguel W Ferreira.

SaluZ, besos y abraZos

Un Eclipse de mar para acompañar la Imáfora.

6 comentarios:

Isa dijo...

sí, está mal que tú lo digas... aunque sea verdad ;-)

La tormenta había sumido las calles en un amasijo de ramas rotas, barro y escombros, y el nuevo día con su cielo cargado de plomo no presagiaba nada bueno. Sólo el mar, con su impetu renovado, me devolvió la ilusión de vivir un final apoteósico.

JORGE PARADA MOROLLON dijo...

Gran foto!!enhorabuena!!
Más que microrrelato, te haré un dibujito.

Noelia dijo...

"Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo”

Aurora Luque

Vanessa dijo...

Palabras de Pino Cacucci, un escritor italiano, que me parecen muy apropiadas.
"(...) e stando qui, aspirando la brezza che increspa il Tago, cioè il Tejo, si intuisce vagamente cosa sia questa inesplicabile sensazione di rimpianto, di mancanza, e al tempo stesso desiderio di raggiungere l'inaccessibile, malinconico bisogno di utopia che è poi l'orizzonte stesso, un sentimento che i trovatori medievali chiamarono saudade e da allora in nessuna lingua si è trovato un termine appropriato per tradurlo".

Patry dijo...

Se levantó rodeado de canas; de articulaciones enfadadas; de pequeñas grietas que, indiscretas, le recordaban todo aquello que había decidido olvidar. Se levantó rodeado de nada. Llegó a pensar que Mario, el de la habitación de al lado, le había ganado un par de años en su última apuesta al dominó. Se sentía desgastado, y no hacía más de 5 años que había atracado el barco. De pronto recordó, como aquel que repasa de memoria la lista de la compra olvidada en algún lugar de la cocina, que durante los últimos 1825 días no se había parado a pensar en ella. ¡Cómo me he podido olvidar tan rápido de todo lo que me dio! Avergonzado, se llevó las manos a la cara queriendo encontrar una excusa para tanto desencuentro. Ahí estaban de nuevo las indiscretas grietas: esta para que no se te olvide aquel salmón de 5 kilos; esta para que recuerdes aquella tormenta enfurecida que te engulló haciendo que todo tu cuerpo escociera; esta para que recuerdes a todas aquellas mujeres a las que prometiste un cálido regreso.
Aún sin saber muy bien a dónde se dirigía, metió en una bolsa lo poco que cabía en su modesta habitación de residencia. Una muda, la foto que le dio Gabriela antes de que se despidiera de ella en aquel embarcadero, y un par de fichas de dominó que le recordaban que, a veces, había ganado la partida.
Llegó sin saber muy bien cómo al puerto. Por fin. Ahí estaba ella, hermosa, profunda, enfurecida por haberse visto privada durante tanto tiempo de las suaves caricias del barco de Mateo. La mar miró al viejo, susurrándole entre olas ¡Mateo! ¡Qué descuidado tienes tu hogar!
El viento aulló, el corazón de Mateo se paraba. Nunca llegó a imaginar una bienvenida más cálida.

María Esquitin dijo...

Lanzó las cenizas de su amada y se tuvo que marchar; nunca más había pasado por allí, el olor del mar se la recordaba, ese sabor a sal en la boca le recordaba a las lágrimas que en sus últimos días había derramado ...no, no podía pasar por allí, porque la herida seguía abierta ... hicieron falta diez años y un nuevo amor, para acercarse hasta aquel lugar y decirle: ya te he perdonado por haberme dejado solo ...